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lunes, 14 de marzo de 2011

La historia sin fin


El lunes pasado terminó la muestra 200 años re-diseñados, basada en el libro Antifichus y montada en Casa de América (Madrid) desde diciembre de 2010. Durante casi tres meses, una multitudinaria concurrencia pudo disfrutar e interactuar con algunos de los más curiosos momentos de la historia argentina y latinoamericana.

A partir de la salida del libro en Buenos Aires (Antifichus, publicado por pequeño editor), los hermanos Carballo emprendieron la aventura de montar (making off) y mostrar nuestra bicentenaria historia a los madrileños curiosos y a los argentinos nostálgicos. Pero con poca nostalgia y mucho humor, la muestra dio que hablar. Así como el libro. Gran parte del archivo de prensa (videos, notas, entrevistas, etc.) puede verse en www.antifichus.com y en las páginas de Facebook de pequeño editor y de Antifichus.

Pero este no es el fin de la historia. Tenemos el libro y esperamos las nuevas y originales versiones de los hechos con las que los Carballo nos sorprenderán, esperamos, pronto.

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lunes, 30 de noviembre de 2009

Una curiosa mirada
Es la de Graciela Perriconi, que desde su blog cultural http://www.curiosamirada.blogspot.com/ nos invita a compartir literatura, pensamiento y arte en general. Graciela es especialista en literatura infantil y juvenil, su visión y conocimento son enriquecedores. Te invitamos a que navegues por su blog y veas con sus ojos.

P.D.: de yapa podés encontrar 2 de nuestros libros...


¡Recomendación! Ingresá al blog de Bianki y vas a encontrar algunos de sus nuevos dibujos de "Diablada de Carnaval".
http://diegobianki2.blogspot.com/2009_10_01_archive.html

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lunes, 23 de noviembre de 2009

“El que lee desde la niñez es probable que nunca abandone”

La frase de Diego Bianchi (Bianki) da inicio a la nota realizada por el periodista Andrés Valenzuela en Página/12 sobre la historieta infantil. Es un recorrido sobre el buen momento que transita el género y desarrolla la idea de que la historieta puede ser una gran puerta de entrada a la lectura; un puente para que padres y niños lean juntos.


Podés leer la nota completa haciendo click aquí:



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viernes, 17 de julio de 2009

¿Qué crees tu que puedes hacer en la radio?


Una vez más, recomendamos escuchar la voz de Fabiola Heredia narrando cuentos para chicos por la emisora Cadena 3 de Córdoba. Lo hace los jueves y el sitio Voces por la Educación suele subir una grabación, para que todos los que no estamos en Córdoba, y los que quieren volver a escucharla, puedan hacerlo vía Internet (Confesemos: ¿qué haríamos sin Internet a esta altura de nuestras vidas?).

Esta vez, ¿Qué crees tu que puedes hacer en mi circo?, el libro de Maxi Luchini y Georgina Roo.


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miércoles, 20 de mayo de 2009

Pocos libros y mucho tiempo


Durante los últimos días del mes de octubre de 2008, se desarrolló en Buenos Aires el Seminario Internacional de Promoción de la Lectura "Placer de leer", organizado por la Fundación CyA. Pequeño Editor fue la única editorial invitada a hablar sobre edición, justamente sobre edición en editoriales pequeñas.
Y Ruth Kaufman, nuestra editora, habló: sobre los libros y sobre el tiempo invertido en ellos, en pensarlos, en hacerlos, en leerlos, en disfrutarlos incluso antes de que sean.
Hoy, señores y señoras, una larga entrada para dedicarle eso que todos mezquinamos, incluso o especialmente a nosotros mismos: tiempo.


Pocos libros y mucho tiempo


Mucho tiempo para leerlos por primera vez, y mucho tiempo para la relectura.Mucho tiempo para editarlos, con los ilustradores, los escritores y los diseñadores. Mucho tiempo en el mercado: en las mesas de las librerías y en las ferias.Mucho tiempo en el corazón de los lectores.El otro día, en el blog de Rafael Cippolini, Cippodromo, en una de las últimas entradas de octubre, se decía:
"La diferencia insoslayable entre Hi Tech y Low Tech no es ni la inversión ni (menos aún) el diseño de producción. Es el uso y la concepción del tiempo. El abismo ideológico se testea justamente ahí.El tiempo del Hi Tech es alienante. Es equivalente al calendario industrializado de los medios (producir tanto contenido en tanto tiempo), al de las cada vez más redundantes bienales y ferias de arte (ya sabés: si en ellas todavía tomamos contacto con propuestas necesarias, lo cierto es que lo hacemos en medio de otras tantas o más absolutamente descartables), al de una burocracia que necesita inventar ridículas novedades para expandir sus mercados.El Low Tech (el mejor Low Tech) es el tiempo de tus sueños. De tu líbido más profunda. De tu obsesión indeclinable. Subsiste con réditos infinitamente menores.Por esto, el arte que más nos conmueve, el que cambia nuestra cabeza y percepciones, así como la tecnología que finalmente se instala como nuestra así como la tecnología que finalmente se instala como nuestra extensión más potente, poseen sus propios calendarios, que pocas veces coinciden con las agendas de la industria."

Carlos Silveyra me convocó para que hablara de la edición en editoriales pequeñas.Yo quería encontrar una clave de lo pequeño: “nos vamos a llamar pequeño editor –me dijo Diego Bianchi cuando la editorial todavía era un sueño– para que tengamos siempre presente esa manera de hacer las cosas, artesanal, dedicándole a cada libro el tiempo que merece”. Ahora, mientras escribo, pienso que la clave está en la palabra tiempo, esa es nuestra marca distintiva y cuando digo “nuestra” digo pequeñas editoriales y cuando digo “pequeñas”, no estoy pensando tanto en si pertenece a una multinacional o si es un emprendimiento independiente, como en el tiempo –hecho que podríamos medir en la cantidad de libros que cada sello edita por año–. Desde esta perspectiva nos encontramos con interesantes paradojas: Kalandraka, la editorial gallega, independiente, tiene 3 lanzamientos en el año, de unos 35 libros cada uno (cifra cedida por el crítico e investigador en LIJ Gustavo Puerta Leisse), mientras que Sudamericana argentina (parte, como todos sabemos, de la multinacional Random House Mondadori) edita alrededor de 26 libros de LIJ por año. En mi trato frecuente con su editora, Mariana Vera, esto se hace patente en infinidad de pequeños detalles.Pequeño editor, desde su fundación en el año 2003, no ha superado la cifra de entre 6 y 8 libros anuales. Había escrito “logrado superar” y luego, con el delete de la computadora lo borré, en un ritmo/tiempo que, aliado con la tecnología, no iba a dejar marcas, pero como era justamente este el tema, uno de los personajes en los que nos desdoblamos al escribir tomó nota del tachado y se preguntó ¿por qué? ¿Dónde está el logro? ¿Cuántos libros quisieras publicar por año?

Y así vuelvo al tema.El año pasado, en una primera consulta a un contador le contamos el proyecto y sus dificultades: el rendimiento económico de la editorial no permite que sus integrantes se dediquen full time a ella y por ende, esta dedicación part time –quizás, era una hipótesis– impedía el crecimiento del sello. (Crecimiento, otra palabra clave; “hay que crecer”, otro imperativo que aceptamos sin saber muy bien qué es.)

“Es muy sencillo –me dijo entonces el contador– una empresa es como una canilla: elagua/la plata que sale, depende del agua, en este caso los libros, que metas. Cuantos más libros metas, más agua/dinero saldrá”

“Eso no” –dije yo, instintivamente–. La imagen de la canilla no era para nosotros.

El editor valenciano Vicente Ferrer, a quien admiro profundamente y cuyos libros han recibido numerosospremios en España y fuera de ella, edita 4 libros por año.

"El mundo editorial es completamente incongruente –opina él–: no es posible leer tanto como se produce (al menos en España). Tal como se ha establecido este círculo vicioso, parece ser que se producen muchos libros porque el mercado sólo atiende a las novedades; y al haber tantas novedades los libros ‘viejos’ (los que se editaron hace dos, tres años) se van retirando de la circulación. De este juego perverso nos gustaría zafarnos; ¿será posible?”

Editar poco, como les comenté antes, implica, al menos en nuestro caso, no dedicarnos full time al sello. En cierta forma, eso nos quita tiempo/energía para el sello; pero, por otro lado, cada uno de nosotros está produciendo materiales afines en otras áreas de la cultura y este hacer enriquece la tarea de editar. Editar poco nos obliga cada año a leer y releer, a mirar y remirar cada uno de los proyectos que nos llegan y a decir muchos no. A veces, decimos que sí, pero tan tarde que otras editoriales nos han ganado de mano: nos ha pasado con un original que nos presentó la poeta Laura Wittner. Nos gustó y por eso lo atesoramos, pero cuando pudimos decirle que estábamos interesados, el libro ya estaba publicado por la editorial francesa Actes du Sud. Nos pasó con un libro de Beatriz Ferro y Elenio Pico que nos gustaba mucho, pero lo presentaron en varias editoriales al mismo tiempo y El eclipse lo sacó antes que nosotros. Corremos ese riesgo; mejor dicho, no podemos evitarlo. Se lo decimos de entrada a los autores.

Editar poco nos hace darles cientos de vueltas a los proyectos del sello por los que finalmente nos inclinamos, vueltas que los mejoran, vueltas que los ajustan como ideas antes de llegar siquiera al primer trazo, a la primera letra.Lo que no nos ha ocurrido hasta ahora –publicando alrededor de 8 libros por año– es tener que reconocer (aunque sea por lo bajo) que no estamos convencidos de alguno de ellos. Estamos enamorados de cada uno.Lo que nos ocurre también es encontrar en nuestro país y en otros países gente embarcada en proyectos semejantes. El periodista Juan Arias, en el suplemento “Babelia” del diario El País de Madrid, lo comentaba en el año 2001 respecto de Brasil:
La concentración editorial que se va realizando con la entrada en Brasil de los grandes grupos extranjeros ha puesto en crisis a las pequeñas editoriales que buscan sin embargo formas nuevas y originales para poder sobrevivir. Y lo cierto es que lo están consiguiendo, hasta el punto de que se habla de éxito de estas editoriales minúsculas, a veces en manos de una sola persona, que con un derroche de creatividad consiguen conquistar el mercado y salir adelante.”
Estos proyectos encuentran su público. En nuestro caso lo señalamos desde el inicio, con una frase que dice “libros para pequeños lectores y grandes curiosos”, buscando un vaivén que fuera del niño al adulto y del adulto al niño. Pensábamos en padres jóvenes y sus hijos, en maestras y bibliotecarios acostumbrados al libro álbum, sobre todo traducido y editado por Fondo de Cultura de México…, libros que justamente en esos años –2002, 2003– se habían vuelto imposibles para los bolsillos argentinos.A poco de andar, otros lectores resultaron entre los más fieles. Lo vi claro una tarde: en el 2006 salí de recorrida por las librerías; me guiaba una preocupación: nuestros libros se exhibían generalmente cerca de la caja o en las mesas de arte y diseño, pero no estaban en la zona de literatura para chicos. En la librería Paidós de la calle Santa Fe, que tiene una salita muy bien provista y realmente acogedora para la LIJ, ocurría lo mismo. Junté coraje y se lo planteé al encargado del local.

“No son libros para chicos” me contestó. “Sí son”, le dije yo. “Bueno, me dijo él, yo también lo pensaba así pero varios jóvenes, artistas, estudiantes de diseño me pedían los libros aclarándome enfáticamente que NO eran para chicos.”

Gracias a los organismos e instituciones del Estado, nuestro público infantil es amplio y heterogéneo. Las compras del Plan Nacional de Lectura de la gestión 2003-2007, de la Conabip, del Promer, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, han ido desparramando nuestros libros por todo el país. Compras del Estado mexicano los desparramaron por el norte del continente. Y desde este año, el contrato con una representante en Francia y Estados Unidos nos ha permitido vender nuestros derechos a importantes editoriales de esos países.
Libros realmente extraños para la oferta habitual de LIJ han vendido muchos ejemplares: es el caso de Nariz de Higo de Roberta Iannamico y Diego Bianchi o el de Tump Tump de Elenio Pico y Canción Decidida de Wapner y Turdera-. Debo decir que desde el inicio hemos recibido el apoyo de los especialistas, apoyo que se concretó a través de la selección de nuestros libros para compras institucionales, del otorgamiento del subsidio del gobierno de la ciudad en su gestión pasada, de numerosas distinciones de ALIJA, comentarios en la prensa de LIJ, en los suplementos culturales generales y en revistas de diseño… Al principio, nuestra carpeta de prensa abultaba mucho más que nuestro catálogo.Y entonces, revisando nuestro catálogo veo cómo lo pequeño y la preocupación por el tiempo están plasmados en los libros. Nuestra primera colección, los libros fuelle, deben su encantador diseño a una necesidad de abaratar costos de papel y encuadernación. ¿Cómo hacer un libro contundente como un cartoné –mirábamos con envidia, por ejemplo, la serie agujereada de Taro Gomi, que editó en español FCE–, sin usar el costoso cartoné?Bianki encontró en el diseño de los fuelle una respuesta lúdica a una restricción económica; por mi parte, nunca he disfrutado de los libros enormes con los que algunas editoriales del Norte intentan ocupar el disputado espacio de las mesas de las librerías, más allá de eso, nunca le he encontrado otros sentidos a esa enormidad.
Tanto en la colección fuelle como en una colección posterior, que llamamos “Incluso los grandes”, hemos publicado en 24 o 32 páginas un poema que, editado del modo convencional, ocuparía una sola página. Suelo llamar a esta estrategia vender liebre por gato, ya que la poesía así editada pasa por narrativa y traspasa las barreras del prejuicio.Con estas experiencias descubrimos un espacio nuevo para publicar –hacer de público dominio– la poesía escrita hoy. Al decir “hoy”, no me estoy refiriendo únicamente a la contemporaneidad de los autores, sino, sobre todo, a traer al campo de los libros para niños experiencias con el lenguaje que –para decirlo con palabras de Daniel Samoilovich– tengan “una postura que tratara de recoger lo más valioso de las vanguardias”.
¿Sólo para niños? Quizá sea un modo de abrir la poesía a muchos otros lectores: a lectores iniciales, buenos y expertos: categorías con las que graduamos nuestro catálogo y que, en el caso de la poesía sobre todo, no necesariamente coinciden con edades cronológicas. Para no ceñirnos a las edades, clasificamos los libros de nuestro catálogo en tres categorías: lector inicial / buen lector / lector experto.
En verdad, hay dos tipos de textos: aquellos que pueden ser leídos autónomamente por los tres grupos y un segundo tipo, en el que proponemos una lectura autónoma del buen lector y una lectura compartida del lector experimentado + el lector inicial.La presencia de la imagen afecta el tiempo. Al desplegar un texto a lo largo de muchas páginas, producimos una demora en el tiempo “habitual” de lectura; en esta dilación la palabra se muestra, dejándose paladear. Sin embargo, no se trata de una demora en blanco, del alargamiento del tiempo de lectura que realiza en soledad el lector experto de poesía; el libro ilustrado propone –en ese tiempo, en ese espacio– una lectura privilegiada: la propuesta por un artista gráfico. Esta es una interpretación que se impone abriendo lo que estaba compactado, volviéndolo más poroso, me animo a decir, más legible. El poema, entonces, se dice de nuevo con otras palabras o, más precisamente, con otros signos que son los del lenguaje de un ilustrador.
¿Cómo resolver la tensión entre novedad y permanencia en la edición de libros? Desde el año 2003, en pequeño editor intentamos hacer posible esta pequeña utopía: sobrevivir editando poco. La razón de ser del libro –de la letra escrita– se sitúa justamente en las antípodas de la novedad.¿Se puede editar en este mundo creyendo que los libros se han inventado para durar? ¿Dónde? Sobre todo, en el corazón de los lectores.
© Ruth Kaufman
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martes, 12 de mayo de 2009

Un taller de AUTOS, colectivos, camionetas... y otros medios

Además de dibujar y pintar, con papel se pueden hacer muchas cosas.
Si empezamos a doblar, cortar, pegar, podemos construir cosas, por ejemplo juguetes. En Autos, Inés Trigub nos muestra cómo una tarde aburrida puede convertirse en una road movie solo con papel y tijeras. Solo hace falta imaginación.
Este taller espera continuar la aventura...


Materiales
-Modelos de colectivo y camioneta preparados por Inés Trigub. Al final de esta nota aparecen los modelos que se pueden descargar.
-Cartulina o cartón (¡tiene que ser fácil de cortar y pegar!)
-Marcadores, témperas, plasticolas de color, crayones, papelitos de colores, papel de revista.
-Tijeras
-Goma para pegar (fuerte, no queremos que los medios de transporte pierdan partes en plena tarea)

Primer paso
Los que se animen, pueden recortar y armar ellos mismos su colectivo y su camioneta. Los que necesiten ayuda... que chiflen.
Atención, la tarea de armar los modelos lleva su tiempo y requiere paciencia, por eso... si los chicos son pequeños, se pueden tener armados de antemano una buena cantidad de medios de transporte (incluyendo los autos del libro) para regalar a los participantes.
Lo ideal es armar los modelos en papel blanco, porque este taller se trata de... crear una buena congestión de tránsito, multicolor y multifacética.
Una vez que todos tienen su transporte...

Segundo paso
Guiamos a los chicos para que puedan definir qué clase de transporte tienen entre manos: ¿es grande? ¿Pequeño? ¿Para mucha gente? ¿Es para ir rápido? ¿Es para transportar otras cosas, además de personas...?
Y luego: ¿cómo será ese colectivo, esa camioneta? ¿Tendrá personajes en las ventanillas? ¿Tendrá un número, como los colectivos urbanos? ¿O será un micro de larga distancia, con el nombre de las localidades que visita en el frente? ¿O será un colectivo escolar, todo color naranja? A lo mejor la camioneta transporta un equipo de fútbol, personajes de un circo, turistas de otro planeta...
Tercer paso
Ahora sí, a pintar y dibujar lo que imaginamos.
Los chicos se cuentan entre sí sus ideas y van hilando historias...




Cuarto paso
¿Exposición de medios de transporte o gran congestión de tránsito? Que decidan los artistas...

© Inés Trigub
(Si tienen cualquier problema con los modelos, escríbannos y se los reenviamos.)




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martes, 28 de abril de 2009

La cita es en el stand 221, pabellón azul.


Alertados por el reclamo desesperado de nuestros fans que nos buscan en la Feria del Libro... Informamos a todos (fans, devotos, principiantes y curiosos): Este año, Pequeño Editor integra el stand auspiciado por la Cámara del Libro: 30 editoriales 09. Estamos en el pabellón azul, stand 221. No digan que no les avisamos.
Compartimos el espacio con otras 29 pequeñas editoriales que se sumaron a este plan:

Abran cancha, Akadia, Biribetto Ediciones, Colisión Libros, CPL–Contacto Profesional, Crecer Creando, Cuenta Conmigo Ediciones, De Dios, Del Candil Ediciones, Ediciones Cooperativas, Ediciones del Naranjo, Ediciones Lumiere, Editorial Omeba, Editorial Vestales, Gram Editora, Gran Aldea Editores, Journal, La Bohemia, Lectorum-Ugerman, Lenguaje Claro Editora, Libros de la Araucaria, Malas Palabras Buks, Moglia Ediciones, Nazhira, Palabras Animadas, Pictus, Re-Vista Vocacional, Seguridad y Defensa Editorial.

Las propuestas son muy diversas, así que el espacio es realmente variopinto y bien interesante. Visiten el blog para saber más (http://www.30editoriales09.wordpress.com/) y, sobre todo, visítennos en la Feria.

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lunes, 20 de abril de 2009

De visita por la Feria de Boloña

Durante 2008, la Argentina fue el invitado de honor de esta feria, que se celebra cada año en la ciudad italiana y que es el encuentro mundial más importante de editores dedicados al libro infantil e ilustrado.

Sin embargo, durante 2009 la deserción fue grande: el stand de la Argentina, que el año anterior había sido tan visitado y celebrado, este año fue pequeño. Durante los últimos días de marzo, fecha habitual de la Feria, nuestros libros estuvieron expuestos allí, junto a los de Comunicarte, de la Flor, Infantil.com y Sigmar. Una pena que fuéramos tan pocos; la actividad en la Feria es grande, el intercambio de derechos, opiniones, ideas y proyectos, riquísimo.


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viernes, 21 de noviembre de 2008

Un taller para disfrutar más aun Nariz de higo


Este taller fue ideado a partir del libro Nariz de higo, poema de Roberta Iannamico e ilustraciones de Bianki. Lo dictamos en Tucumán, en el marco de las actividades organizadas por el Plan Nacional de Lectura; y en Italia, en el marco del festival Minimondi, que se realiza todos los años en febrero en las escuelas de Parma. Las fotos fueron tomadas en esas ocasiones.

Materiales y requerimientos

El libro Nariz de Higo de Iannamico/Bianki.
1 o 2 marcadores negros gruesos por grupo de 3 o 4 chicos.
Hojas blancas de 35 X 50 cm por grupo de 3 o 4 chicos.
Cuchillo que utiliza el coordinador o cada grupo un par de cuchillos de plástico descartable.
Bolsa de mercado
Frutas y verduras de estación.

Opcionales
computadora
pantalla para proyectar imágenes
cámara de fotos digital




El taller consta de cuatro momentos: un momento de lectura, un momento de trabajo, uno de muestra y un último, ampliatorio.

Primer momento: lectura del texto y de las imágenes.

1. El coordinador y los chicos compartimos la lectura del poema (el coordinador tiene un libro; cada niño tiene un libro; se proyecta el libro sobre una pantalla).

2. Observamos las imágenes, descubriendo los objetos con los que fueron realizadas (un papel de caramelo es la “tela” de un vestido; una cucharita de helado es la cara de un personaje, etc.). Se favorece así la lectura de las imágenes, el reconocimiento de hojas, frutos y otros elementos, y se los pone en relación con el texto escrito.













Segundo momento: manos a la obra.

3. Partimos de los versos del poema que dicen:

“Iba al patio y me probaba narices
Una semilla de jacarandá, un limoncito, una ciruela, una aceituna.”

Nosotros, en cambio – contamos a los niños–, fuimos al mercado y de allí trajimos una bolsa llena de verduras: papas, zanahorias, cebollas, limones, aceitunas, arvejas, con las cuales fabricar narices. El coordinador debe llevar una bolsa de hacer las compras, con todo tipo de verduras y frutas de estación.

La consigna es dibujar un personaje e incluirle una nariz (o una boca o un par de orejas) utilizando elementos de la bolsa.

4. Se realiza un dibujo de muestra entre todos, con la ayuda del coordinador.

5. Organizados en pequeños grupos, los niños dibujarán su propio personaje con “nariz de…”.

Entregamos a cada grupo una hoja blanca de 35 X 50 cm, uno o dos marcadores negros gruesos y verduras y frutas enteras (como zanahorias, arvejas, frutillas, hojas de lechuga, chauchas) o ya cortadas (gajos de mandarina, trozos de berenjena, zapallito etc).
Los niños pueden realizar un personaje o varios; utilizar una sola verdura o varias, según el trabajo que deseen hacer.
6. Cada grupo le inventa un nombre a su personaje y, si lo desean, escriben su historia en pocas líneas.













Tercer momento: la muestra final.

Una vez concluidos todos los dibujos, la idea es mostrar lo realizado al resto de los compañeros y a otros niños o adultos del lugar.

Se plantean dos modalidades de exposición:

a) Muestra.
Se acomodan todos los trabajos en el suelo de forma ordenada y se invita a los chicos a recorrer la muestra completa.

b) Con fotografías.
Si se cuenta con pantalla, computadora y cámara de fotos digital se puede fotografiar todos los trabajos, guardar el archivo en la computadora y apagando la luz, invitar a los chicos a una proyección de sus propios trabajos en la pantalla.
También se puede invitar a los chicos a ponerse “narices de ….” para tomarse fotografías.


Cuarto momento: conocer la obra de Arcimboldo.

Este cuarto momento, si el grupo es estable, sería recomendable realizarlo en otro encuentro. Se trata de compartir con los chicos reproducciones de la obra del artista renacentista Arcimboldo, invitándolos a descubrir en las imágenes las frutas y las verduras con las que fueron realizadas.
Para este momento se puede trabajar con libros publicados o páginas web.

© pequeño editor


Atención
Si realizás este taller, mandanos tu comentario y/o fotos de los trabajos de los chicos
blog@pequenoeditor.com que poco a poco las iremos publicando en nuestro blog






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